Hilos de seda, formando un tejido
hecho de afanes y de esperanzas,
es cual coraza que encalma
a mi espíritu abatido.
Sutil y exótica envoltura
que acariciando mis miembros
con sus estambres principescos
pone abrazos de ternura.
Sus urdimbres son maravillosas,
y con su fibra alabastrina
y su trama, de dibujos caprichosos,
componen una hermosa celosía
tras la que con ojos asombrosos
percibo luces divinas.