Tiende tus ramas protectoras
sobre los áridos senderos
que en mi constante vagabundeo
recorro desde el alba hasta la aurora.
Pon en mis rutas peregrinas
techos tupidos y frondosos,
y a tus pies, árbol añoso
recobraré las perdidas energías.
Extiende tus verdosos brazos
por todos los caminos del mundo,
para animar mis cansinos pasos
de incorregible vagabundo,
pues quiero llegar a tu regazo
y tributarte mi amor profundo.