Ópalos, céfiros, perlas,
rubíes, hermosos diamantes
proliferan con iris brillantes
en las esmeraldinas vegas.
El tomillo, la retama, el romero,
las encarnadas amapolas
siembran el suelo, lo aroman,
bajo el palio azul del cielo.
Compiten en lozanía
cual joyas magnificentes
cuando al despuntar el día
se muestran frescas y esplendes
y su maravillosa pedrería
semeja un tálamo celeste.