Silva el viento peinando montañas,
se infiltra en las oquedades,
abísmese en las profundidades
sin cesar en su cabalgata.
Brillan con tonos argentinos
los valles y las alamedas,
y entre sus senos serpentean
las aguas de un manso río.
Los huertos pletóricos de encantos
circundan la paradisiaca vega
en la que proliferan los naranjos,
las añosas y verdes oliveras;
y en el silencio, de vez en cuando
croan las ranas en las ciénagas.