Al disponerme a salir
de tu vientre pétreo y frío,
yo me despido de ti
dejándome algo que es mío.
Lágrimas de pena honrada
que tu me hiciste llorar
sin hacer de malo nada
para en tu seno morar.
Y es que el hombre es como fiera
que se devora a si mismo
y entre tus muros de piedra
encierra a veces su sadismo
y no medita siquiera
en su propio salvajismo.